martes, 28 de marzo de 2017

INUNDACIONES






Imagenes de Piura. Al norte del Perú

lunes, 27 de marzo de 2017

VIERNES








Justo antes  y para asegurarme miro la pagina web de la agencia estatal de meteorología ( AEMET). Para la tarde dan riego del lluvia del 20% y mayoría de cielos despejados.  Miro por la ventana y efectivamente, el  cielo azul, se empezaba a imponer sobre las nubes, así que aunque no las tenía todas conmigo  decido colgar la ropa fuera, en las cuerdas, en lugar de colgarla el tendedero extensible, dentro de casa, en el cuarto chico.  Hace un ligero airecillo así que pienso mientras sujeto unos pantalones con las pinzas a la cuerda, que se va a secar rápido.  Después de colgar la ropa, me doy una ducha, me pongo algo de colonia y comienzo a vestirme.
Cuando salgo de casa, en el cielo sigue desarrollándose una lucha entre las negras nubes y los claros  que muestran un maravilloso azul.  En la parada del bus, sigo mirando con algo de aprensión el cielo. Durante el breve trayecto, la batalla parece decidida y los nubarrones van ganando cada vez más espacio. Cuando llego a Goya, el vencedor está claro. El cielo esta de un color gris negruzco, y decir que las nubes amenazan lluvia  es quedarse corto. Cruzo la calle y me pongo a esperar el autobús 146, que me llevará hasta la plaza del callao. En la parada unas gotas, por su hubiese quedado alguna duda, anuncian el vencedor definitivo. No dejo de pensar en mi ropa colgada, me consuelo pensando que quizás en mi barrio, al estar un poco alejado del centro no han llegado las nubes.
El autobús, abre sus puertas justo delante mío, subo y valido mi tarjeta de transporte. Es una autobús nuevo, en el suelo, pintado de color amarillo y con dibujos alegóricos  están señalizadas las zonas destinadas a  los carritos de bebe, los carros de la compra, y las sillas de ruedas. A intervalos regulares en la estructura del autobús, sobresalen los enchufes para cargar el móvil, la tableta o el portátil. La pantalla de indicación de las paradas, donde hasta ahora se anunciaban las paradas con un cartel luminoso,  es ahora una pantalla plana bastante grande a todo color, donde se va mostrando todo el recorrido. Miro por las ventanas, y las gotas se han convertido en una ligera pero persistente lluvia.  Me doy  definitivamente por derrotado y sé que mi ropa se estará empapando.  Me fijo en los otros pasajeros, unos jóvenes  que van escuchando música y perdidos en su mundo,  un grupo de ancianos, que juntos se dirigen al teatro y que  no dejan de reírse y hablar unos con otros. No sé si nadie se ha fijado o es que a nadie le importa, pero lo que más se parece a un grupo de adolescentes en el transporte público, bullicio, risas, bromas cruzadas, ocupación del espacio como si fuera su casa, es un grupo de ancianos que salen a divertirse. En la plataforma central hay un matrimonio con una hija preadolescente. Van señalando  los distintos monumentos, mirando  los edificios y la mujer no deja de mirar hacia las alturas mientras avanzamos por  la calle Gran Vía. No dudo en catalogarlos como turistas, se bajan en un parada un poco antes del final. Les sigo un momento con la mirada antes de que  se pierden entre la gente que a esas horas abarrota las aceras.
Una vez en Callao, busco un sitio para guarecerme de la lluvia y resguardarme del frio viento que hace a esas horas, mientras espero a mis amigos. Al poco llegan los dos.  Nos saludamos con ella dos besos, con el un apretón de manos.  Rápidamente nos ponemos al día, y el motivo por el que A. no me acompaña. Nos dirigimos a tomar un vino antes de cenar. Hacemos una parada en una taberna de la calle Hortaleza, en la que me gusta para cuando estoy por la zona debido a su carta de vinos. Entramos, el local está lleno, avanzamos al fondo y justo vemos una pareja que se está levantando para irse. Inmediatamente tomamos posesión del espacio. Pedimos una botella de vino tinto. Mientras degustamos el vino, un buen Ribera, hablamos de nuestras cosas. Por el gran ventanal del local, observamos la calle, la  gente avanzando presurosa con los paraguas abiertos, las luces de los semáforos que se reflejan el suelo mojado,  los charcos que se forman en los desniveles de la calle. Hacemos tiempo hasta la hora de la reserva. Cuando salimos de camino al restaurante, la lluvia a parado un poco y casi es agradable sentir la ligera humedad en el rostro. Hace rato que ya no pienso en mi ropa colgada. La cena es cocina mediterránea, pero pasada por el tamiz de la modernidad. Un pulpo a feira, donde las patatas se han convertido en una crema, en la cual se hunde el pulpo, unas croquetas que se llaman de cocido, un bacalao hecho a la plancha con verduras, bastante rico.
Terminamos y llega el momento  de lo más difícil de la noche, decidir dónde vamos a tomar una copa.  Pienso en el “Costello”, en la cercana calle de Caballero de Gracia  pero mis amigos son de algo más tranquilo, además de que nos apetece charlare. Nos dirigimos a la zona de chueca. El primer local al que intentamos acceder, “Libertad  8”, esté lleno de gente, no cabe un alfiler. Imagino que debe haber alguna de las actuaciones  o representaciones que siempre hay en ese sitio. No pasa nada, si algo hay en Madrid son locales, nos dirigimos de nuevo a la calle infantas, dirigimos nuestros pasos al “Underwood” un local que me gusta especialmente, cuando llegamos el sitio ya no existe, ahora es un salón de belleza, así que sin pensarlo más,  cruzamos la acera  y nos introducimos en el  “Angel Azul” , reconozco que hace bastante que no entraba en este garito, por lo que parece ya no dan comidas, y ahora solo sirven copas, mis amigos piden unos mojitos, yo una caipirinha. Mientras esperamos las copas, nos sorprende el comienzo de una actuación. El espectáculo lo lleva una drag que se llama Pikara Winehouse. Realmente el espectáculo no vale mucho aunque reconozco que nos reímos con alguno de los chistes, y sobre todo  cuando somos requeridos,  cómo podía ser de otra forma, para ser parte de la actuación. Creo que salimos más que airosos. Cuando el espectáculo termina son cerca de las 2 y media de la mañana. Pagamos las consumiciones y salimos a la calle, tranquilamente ya sin lluvia, nos dirigimos a Cibeles a coger nuestros respectivos búhos.  Nos despedimos, como siempre ocurre en estos momentos con algo de prisa, temiendo perder nuestros autobuses y tener que esperar los veinte minutos mínimos de espera.
Afortunadamente el autobús, no tarda mucho  en aparecer. No se llena ni muchos menos y curiosamente no solo no vamos muchos pasajeros, es que además casi todos vamos hacia el final del recorrido, con lo que el bus no hace muchas paradas intermedias y el trayecto no se hace insufriblemente largo. Cuando me quiero dar cuenta, y aquí creo que me quede dormido en algún momento, estoy en mi barrio. Al salir del bus, veo que el suelo esta húmedo, llego a casa y compruebo la ropa colgada, esta empapada. La dejo al fresco d la noche. Espero que para mañana por la tarde esté seca. Con ese pensamiento en mente me quedo dormido

jueves, 23 de marzo de 2017

IDIOTAS




Con la edad me he dado cuenta que la humanidad nos dividimos básicamente en dos clases de personas. Los que somos idiotas y los que además se empeñan en demostrarlo. Así  hay gente que no contenta con tener sus propias ideas más o menos acertadas, como todos, piensa que esas ideas son las únicas validas y se empeña en imponerlas al conjunto de la sociedad. Normalmente estas ideas y no sé el motivo suelen tener que ver con el sexo y además suelen ser restrictivas, suelen implicar impedir a gente realizar su vida normal y corriente. Un ejemplo cercano es el famoso autobús que ha intentado recorrer las ciudades españoles con poco éxito y que ahora se ha visto por las calle de Nueva York.
Pero no pensemos que esto es privativo de nuestro país. Por ejemplo en mi otro país, en Perú ha surgido un movimiento parecido que está en contra del matrimonio gay, y sobre todo contra la inclusión en la curricula escolar, como dicen allí,  de una asignatura de educación sexual en la que entre otras cosas, por ejemplo prevenir el embarazo adolescente,  se les enseñaría a los niños que a parte de la mayoría heterosexual, en el mundo hay otro tipo de personas y que estas otras personas, también pueden formar familias. Hasta aquí creo que nada del otro mundo, o por lo que alguien  pueda sentirse ofendido.  Pues bien estas personas que se han unido bajo una plataforma que tiene el sonoro nombre de “Con mis hijos no te metas” y en las que hay desde sacerdotes ¿?, famosos de medio pelo, trepas, aventureros, e imagino que también algún padre  o madre preocupado pero desinformado,  se llevan manifestando  desde hace varios meses, y de paso  insultando a los que no comparten su idea por las redes sociales  y medios de comunicación afines, para no solo evitar la imposición a sus hijos de la llamada “Ideología de género” que quién sabe que será, sino además para solicitar la destitución de la ministra de educación con el argumento de que hay ciertos temas que no deben enseñarse en las escuelas y deben aprenderse en el calor del hogar.
Pues ben uno de los integrantes de esta plataforma, es el Alcalde de Arequipa. Para quien no lo sepa Arequipa es la segunda ciudad del país, la ciudad blanca la llaman, por el color de las piedras de sus edificios. Pues bien este caballero, ha tenido a bien abrir su boca para  decir que las inundaciones, los miles de personas que se han quedado sin hogar, las decenas de  muertes que está provocando el fenómeno del Niño este año en el Perú son un castigo divino por el intento del gobierno de poner dicha asignatura en las escuelas. Ante este rebuzno, solo puedo reafirmarme en mi idea inicial al ver como se cumple la segunda parte de la misma.

lunes, 20 de marzo de 2017

HUAYNO







viernes, 17 de marzo de 2017

NOTICIAS




Esta semana han aparecido en los medios, esto es en los periódicos,  varias noticias que por motivos diversos me han llamado la atención. Y me gustaría compartirlas por aquí


  • El congreso aprueba una ley que prohíbe cortar las orejas y los rabos a los perros por motivos estéticos. Increíblemente el PP se opuso a esta medida, ya que lo quería seguir pemitiendo en algunos casos. Igualmente se prohíbe cortar a los animales las cuerdas vocales, y extirparles uñas y dientes. ¿Alguien me puede explicar quien quiere un perro que no mueva su cola para mostrar alegría, miedo, curiosidad… Que no levante las orejas cuando oye algo, que no ladre, y que no tenga dientes? No sería mejor en ese caso que se comprase un perrito de porcelana.
  • Imagino que todos habéis oído hablar de shazam, e incluso puede que la llevéis instalada en el móvil, yo por ejemplo la tengo. Es una apps, que permite con unos simples acordes, reconocer una canción y grabártela en el móvil. Me parece útil por ejemplo cuando estás en algún sitio y oyes una canción que te gusta y no la reconoces o quieres tenerla para poder luego seguir la pista al grupo. Pues bien ahora van a sacar una aplicación que hace algo parecido pero con cuadros, esculturas y objetos de arte. Tú haces una foto con el móvil y la aplicación te reconoce la obra y  te da información, sobre la pintura, el autor de la misma, las críticas que tiene, otras obras del autor, del mismo estilo y periodo, ósea, lo que llaman realidad aumentada. Además te reconoce la pintura independientemente del ángulo o de la superficie en la que la hayas tomado.  Ya me veo en los museos a la gente delante de por ejemplo “Las meninas” más pendientes del mocil que de disfrutar de lo que tienen delante.
  • No sé si seguisteis la noticia sobre un prostíbulo de muñecas de silicona que se había abierto en Barcelona. La primera reacción es pensar que tiempos estos, donde vamos a parar. A mí en primer lugar me hizo recordar dos películas españolas de los años 70 que se llamaban, “No es bueno que el hombre este solo” con Jose Luis Lopez Vázquez donde el hombre cansado de llevar una vida solitaria, se casa  con un maniquí, pero por miedo al que dirán, no se lo comenta a nadie. La otra película es de Berlanga y se llama “Mi querida señorita” donde un hombre cansado de su matrimonio y tras engañar a su mujer de múltiples maneras acaba enamorado de un maniquí. En ambos casos los maniquís son eso, maniquíes de tienda como los que vemos normalmente en los escaparates, nada que ver con las sofisticadas e hiperreales muñecas que ofrecía este prostíbulo. Y creo que el motivo de que surjan lugares como este, no es que ayuden a combatir la explotación sexual, ni que eviten el tráfico ilegal de personas por motivos sexuales, ni que haya gente con parafílias sexuales varias,  pienso más bien que lugares como este son debidos a la creciente soledad de mucha gente, a la necesidad que tienen muchas personas de afecto y que son incapaces de encontrar en personas reales y eso es curioso en una sociedad en la cada vez estamos más conectados, tenemos acceso a más gente  y sin embargo cada vez produce más incomunicación. Por cierto el prostibulo ha cerrado esta misma semana
  • Otra noticia que me ha llamado la atención, es una ley que está estudiando el parlamento andaluz para obligar a los bares a dar un vaso de agua a toda aquella persona que se lo pida. Aquí tengo que decir que si hay algo que odio es entrar en un bar o en un restaurante pedir una jarra de agua o un vaso de agua y que me pongan una botella de agua mineral. Señores no, si pido una jarra de agua del grifo quiero una jarra de agua del grifo, no una botella de agua mineral. Es más,  diría que la norma debía ser la contraria, todas las mesas deberían contar con una jarra de agua puesta y si tu quieres agua mineral pedirla. A mi me han llegado a decir en un determinado restaurante, y era un restaurante bastante normalito,  que si no servían agua del grifo en una jarra es porque eso hacía que el local perdiese categoría. Lo que perdió realmente es un cliente. Volviendo a la noticia, creo que lo que es triste es que por ley obliguen a algo que debería ser de lo más normal.  

martes, 14 de marzo de 2017

LISBOA 2 (2)

Pero, lo primero es lo primero y antes de proseguir nuestro paseo hacemos una parada para tomar una cerveza y reponer fuerzas. Tras el pequeño descanso, comenzamos a subir por otra de las interminables cuestas lisboetas para  acabar en un barrio bastante elegante donde las casas antiguas están siendo derribadas, manteniendo solo las fachadas de azulejos,  para construir modernos edificios de apartamentos de lujo. 
La cuesta, los kilómetros andados desde la mañana y la hora ya tardía, hacen mella en nuestro espíritu caminante, y cuando tenemos la oportunidad, dejamos la calle por la que estábamos ascendiendo para coger la primera calle  a la izquierda y comenzar a buscar algún sitio donde comer. A los pocos metros, vemos un restaurante llamado “Banca de Pau”  con un cartel en la fachada donde anuncian que están especializados en comida de la región de tras-os-montes (zona que es fronteriza con la provincia española de Zamora). Sin dudarlo, traspasamos la entrada. Lo primero que nos  llama la atención es que además de restaurante, es un local donde venden productos agroecológicos y viandas y vinos de la zona tras-on-montina, y que tienen una pequeña librería con libros sobre la región. Dejamos las mochilas en un rincón y nos sentamos en una de las dos únicas mesas que tiene el local, justo al lado del gran ventanal que nos permite observar la calle y debajo de una vistosa colección de  mascaras de diablos y demonios carnavalescos que cuelgan del techo.  Al poco aparece un joven que resulta ser el  dueño del local. Le pedimos unas cervezas y la carta. 

El joven se acerca con las dos cervezas y tras pedirnos permiso, se sienta con nosotros en la mesa. Para picar con las cervezas  el hombre nos ofrece unos tomates aliñados y una degustación de diversos aceites de oliva que adereza el mismo, con hierbas y especias. Dejándonos aconsejar por el dueño/camarero/alquimista/chico para todo,  como platos principales pedimos un plato de “Alheira desfeita” que es  linguiza, una especie de  chistorra portuguesa, desmenuzada  y aderezada con queso y verduras que se gratina en el horno y que estaba espectacular y otro llamado “Milhos de tomate” un pastel de maíz  y tomate con almendras tostadas por encima y del que tengo que decir que el mejor elogio que puedo hacer es que se debe probar, estaba exquisito, además de tener un sabor distinto de lo que nos tenia acostumbrado la comida portuguesa, todo acompañado por una  botella de vino de la zona y que estaba más que aceptable. 
De postre A. y yo compartimos un Cheesecake Falso, ya que en su composición no lleva queso. Antes de irnos,  A. y yo nos acercamos al mostrador para comprar algún queso para traer de vuelta a España, y en este momento empezó nuestra segunda comida. El joven ahora avezado vendedor, se empeño no solo en mostrarnos toda la variedad de quesos que tenia, y eran bastantes, sino en que los probásemos todos para poder elegir con criterio.

Antes de despedirnos definitivamente y con toda una cata de quesos portugueses en nuestro haber el hombre convertido por un instante en guía turístico, nos comento dos opciones más para esa tarde en Lisboa: realizar una vista al museo de coches antiguos y si no  visitar el nuevo museo de arte moderno de la ciudad, recientemente inaugurado y que por lo tanto aún estaba promocionándose y como resultado de ello la entrada seguía siendo gratis.

Tras salir del local, con dos pequeños quesos en la mochila, seguimos nuestro camino, sin intención de visitar ningún museo, y tardamos poco en llegar al corazón de  Barrios Altos, pasamos por delante del jardín botánico de Lisboa, curioseamos por alguna de las caras tiendas de la zona y nos detenemos a admirar el precioso jardín “do Principe Real”, que al igual que casi todos los parquecillos lisboetas tiene un pequeño quiosco circular donde tomarse un café o un té o una cerveza  sentados en una de las mesas metálicas que con sus sillas también metálicas están situadas bajos los inmensos magnolios que crecen por todo el parque.

Un poco más adelante y casi esquina con el parque, nos encontramos con otra de las sorpresas del día, un restaurante que se llama “La Cebicheria”, al principio nos miramos un poco extrañados pero tras ver el menú y confirmar que efectivamente es un restaurante peruano, entramos en el local con la intención de tomarnos un pisco sour o un refrescante chilcano, no hay nada que mejor que poder pasar la tarde, relajándose delante de un buen pisco. Pero nuestro gozo en un pozo, la camarera, nos indica que, pese a tener la mitad de las mesas vacías,  si queremos un combinado deberemos tomarlo fuera, de pie en la ventana. Amablemente le decimos a la camarera que volveremos más tarde. Confío en que no sigan esperándonos.

Tras una breve parada en el mirador del San Pedro de Alcántara disfrutando una vez más de la magnífica visión de Lisboa que se nos ofrece en  este punto,  descendemos tranquilamente hacia la preciosa plaza de Luis Camoes, que como siempre es un follón de tranvías, turistas consultando mapas, castañeras y personas sentadas en los bancos de piedra que hay en la plaza o tomando algo en el quiosco que hay en el centro de la misma. Desde aquí, nuestro destino es una librería, pero no es una librera cualquiera, estando en Lisboa eso no es posible, es una que tiene una característica que la hace única. 

Es curiosa la peculiar relación  que tiene  Portugal con las librerías, por un lado acoge en Oporto la librería que está  considerada y para mi gusto así es, como la más bella del mundo la librería Lello y por otro tienen también la considerada como librería más antigua del mundo. Estamos refiriéndonos a la librería Bertrand en la calle Garret  esta vez en Lisboa, según reza una placa colocada en un lateral de la entrada llevan vendiendo libros desde el año 1732 hace ya la friolera de 285 años. Al entrar en el establecimiento y cerrarse la puerta tras de ti y sin duda ayudado por los gruesos muros que nos separan de la calle  se forma un clima de relax y calma  que contrasta fuertemente con el ruido del exterior. Sin prisas como debe ser, caminamos entre las enormes y altísimas estanterías realizadas en madera repletas de novedades literarias,  cruzamos las arcadas hechas en ladrillo visto que dan paso a distintas salas de techo abovedado y dedicadas a diversos temas, viajes, infantil, literatura portuguesa, historia, ciencia. A. y yo nos dedicamos un rato a curiosear buscando cada uno un libro. A. elige un libro sobre la famosa reina Nzinga de Angola, yo sin poder evitarlo elijo una bonita edición del banquero Anarquista de Pessoa. A modo de regalo cada uno paga el libro del otro.


Salimos de la librería y vagabundeamos un poco por los alrededores, nos paramos a escuchar unos músicos callejeros que están frente de la mítica cafetería "A Brasileira", entramos a curiosear en la no menos conocida casa Pereira, la perdición de todos aquellos que amen el café, los chocolates y la ginjinha ese licor tan típico de Lisboa. 

Cuando salimos de nuevo al ajetreo de la calle, hace rato que ha anochecido y el cansancio nos puede así que, acortando por callejas vamos descendiendo hacia la no muy lejana estación de “Cais do Sodré” para coger el metro y dirigirnos a nuestro hotel. La noche terminará mientras comentamos la jornada delante de  una botella de vino del Alentejo  

lunes, 13 de marzo de 2017

LISBOA 2 (I)


Lisboa en nuestro segundo día nos sorprendió con una densa niebla, tan densa que por unas horas parecimos personajes de una de la obras más famosa de Saramago. No se veían las luces de los vehículos que circulaban por la plaza, no se vislumbraban los perfiles de los edificios del otro lado de la calle, y desde la ventana de nuestra habitación nos era imposible observar la gente circulando por las aceras, aunque a esto último puede que también contribuyese que estábamos en la duodécima planta del edificio. Así que sin muchas prisas nos levantamos y tras ducharnos y vestirnos,  bajamos tranquilamente a desayunar. Una pieza de fruta, un poco de queso, una tostada con un chorrito de aceite y una taza de café. Charlamos sin prisa mientras esperábamos a que la niebla se aclarase un poco y nos permitiese disfrutar del paseo al que habíamos decidido que sería nuestro principal objetivo del día. Teníamos intención de acercarnos a uno de los pocos monumentos reseñables que aún no habíamos conocido en nuestras anteriores visitas, se trataba de ir a conocer el “Acueducto de Aguas Libres” construido entre los siglos XVIII y XIX y que permitió llevar agua a gran parte de la capital que hasta entonces se abastecía por medio de aguadores. Mirando en el mapa, no parecía estar muy lejos de donde nosotros nos encontrábamos alojados, así que decidimos ir andando. Una vez que terminamos el desayuno y comprobado que la niebla se estaba levantando, comenzamos nuestro camino.

La mañana era fresca y apetecía el caminar. Comenzamos con buen ánimo por la ligeramente empinada Av. das Forças Armadas, siguiendo los pasos de una señora lisboeta, que con un paraguas en la mano parecía dirigirse a su trabajo  y además ir en nuestra misma dirección por lo que nos pareció una buena guía. Si, lo admito no sabíamos si la señora tenia nuestro mismo destino, pero como tampoco teníamos muy claro como ir, nos daba un poco igual.

Pasamos por delante de algunos edificios dispersos por un descuidado parque pertenecientes a la Universidad de Lisboa, y después de seguir a nuestra buena mujer por más de un  kilómetro y medio  y casi tener que darle las gracias por descubrirnos un par de pasos subterráneos que nos permitieron cruzar el nudo de autopistas en que se estaba convirtiendo nuestro paseo, llegamos a la altura del zoo de Lisboa. El aire de la pequeña plaza se llena con los gritos de los monos y el canto de algún ave que sale del parque zoológico, sonidos que se complementan  con las imágenes de diversos animales salvajes pintados en los pilares de la autopista elevada que cruza por encima de nosotros. Una vez allí y después de mirar una vez más el mapa dejamos a nuestra guía, que efectivamente no iba en nuestra misma dirección,  y se pierde calle arriba mientras nosotros giramos a la izquierda y  continuamos nuestro camino. Nos ponemos como meta que si en los siguientes veinte minutos no hemos encontrado el acueducto, seamos sinceros un acueducto de casi 80 metros de altura y más de 200  metros de largo es difícil de perder, dejaríamos de buscarlo y nos iríamos a cualquier otra parte. Así que tras vagabundear un poco y pasar por delante de dos paradas del tren de cercanías llegamos a una zona de Lisboa en la que los edificios se retiran y la ciudad se abría a una serie de pequeñas colinas ajardinadas que forman parte de lo que después sabríamos es el parque de Amnistía Internacional. Tras cruzar una pequeña pradera de césped y encaramarnos a una de las colinas por fin vimos al frente nuestro anhelado destino, eso sí, al  decir que estábamos al frente queremos decir exactamente eso. El acueducto se encontraba al otro lado de un valle cruzado por varias líneas del ferrocarril protegidas por varias vallas  y un par de autopistas de múltiples carriles que hacían imposible el llegar andando desde donde nos encontrábamos además y por si fuera poco el acueducto se encontraba en una cota algo más elevada de donde nos encontrábamos.



Visto lo visto, ósea que seguíamos lejos, que para llegar al acueducto teníamos que da una señora vuelta  y que empezábamos a estar cansados de andar, y que además tras despejarse definitivamente la niebla, luce un sol esplendido que calienta agradablemente y solo un viento algo fresco y molesto impide que sea un día perfecto, decidimos cambiar nuestros planes y en lugar de ir hasta el acueducto, seguir con  nuestro paseo por el parque en el que nos encontramos. Es un parque bonito, bien cuidado, que quizás por las horas, aún es temprano, no parece ser muy utilizado, únicamente nos cruzamos con un par de mujeres paseando sus perros, y con pequeños setos formados por adelfas y parterres de plantas aromáticas. El parque tiene unos pequeños carteles donde se indican los distintos paseos que se pueden realizar y la distancia que se recorre en cada uno de ellos. Cogemos uno de los senderos y nos disponemos a disfrutar del paseo. No tenemos prisa y andamos fijándonos en los pinos  que componen casi en su totalidad el arbolado del parque. En un lateral del parque hay un colegio infantil y los gritos de los críos son lo único que rompe el silencio lisboeta. El sendero serpentea por una pequeña duna y un precioso puente de madera permite salvar la autopista que cruza por debajo. Tras el puente de nuevo una duna y tras ella a nuestra derecha, vemos la mezquita mayor de Lisboa, frente a nosotros nos llama la atención un precioso palacio adornado con una torre que resulta ser, el rectorado de la facultad de derecho de la “Universidade Nova de Lisboa”. 

Así que abandonando el sendero nos adentramos en el campus de la universidad, nos cruzamos con algunos estudiantes y hacemos fotos a alguno de los grafitis que adornaban escaleras y muros. Dejamos atrás las aulas de la universidad para acabar en medio de los sobrios edificios que forman los juzgados centrales de lo civil y lo penal de Lisboa y un poco más adelante, otra sorpresa, o quizás no tanto,  nos topamos con los imponentes y estos si feos muros de la prisión central de Lisboa. Nos alejamos un poco, encaramándonos en un pequeño montículo y podemos ver el edificio en su totalidad. Es una cárcel idéntica a la antigua prisión de Carabanchel o la modelo de Barcelona. Un edificio central de forma circular, del que salen de forma radial los brazos donde se encuentran las celdas, rodeado todo ello por un alto muro de ladrillo, terminado en alambre de espino y con torres con garitas de vigilancia cada pocos metros. Desde dentro del penal, nos llegan los gritos de los reclusos, que a esa hora deben estar en el patio. A. y yo nos miramos y nos echamos a reír, entre risas  nos decimos que somos raros, que cuantos turistas, sin tener necesidad,  acaban conociendo los juzgados y la cárcel de Lisboa. Reanudamos nuestro paseo  y al poco estamos de nuevo en un parque, no tengo claro si el mismo que el que abandonamos hace unos minutos o uno nuevo, llegamos al borde de la colina donde estamos y la imagen es fantástica, Alfama y el Castelo de San Jorge se nos muestran orgullosos frente a nosotros, el resto de  la ciudad se extiende a nuestros pies. Seguimos nuestro paseo, descendiendo por un sendero  y nos damos cuenta de que estamos en la parte superior del parque de Eduardo VIII, justo en una de esas zonas obligatorias que hay que conocer, andamos por uno de los laterales del parque y tras llegar a la plaza del Marqués de Pombal decidimos no coger la Avenida Liberdade y seguir callejeando, pero en lugar de tirar hacia el bario de Alfama como hicimos el día anterior decidimos que nos vamos hacia el otro lado. Barrios Altos es nuestro nuevo destino.