DELFINES



Parecía que hubiésemos llegado ayer, pero la realidad es que ya llevábamos un mes en el Perú y era tiempo de mi regreso. En cuatro días mas cogería el avión que me traería de vuelta a casa y esta vez solo que A. se quedaría 15 días mas por motivos de trabajo.


Eso si, nuestro viaje aún nos depararía una ultima aventura.




Antes de nuestra llegada M. la madre de A. había estado reservándonos unas revistas dominicales del periódico para que las leyésemos y nos entretuviéramos, y allí entre reportajes de política, entrevistas a celebridades locales, lo ultimo en moda, las fiestas mas IN en Lima y demás, vimos un reportaje que nos llamo la atención. Trataba sobre una ONG, que luchaba por la preservación de delfines y ballenas en la costa del Perú. La cabeza visible del proyecto era un alemán y el reportaje estaba ilustrado por unas fotos de delfines, ballenas, lobos marinos y otros mamíferos marinos, tomadas por esta persona realmente espectaculares. Al final del reportaje venia el nombre de la ONG y su dirección en la web. Su nombre Mundo Azul.




La primera vez que A. y yo vimos el reportaje, nos llamo la atención y comentamos al respecto. La segunda vez, decidimos entrar en la pagina, vimos sus diversas posibilidades, mediodía, un día, avistamiento de delfines, avistamientote ballenas , navegación con un velero .., vimos precios y nos decidimos. Al final concertamos una excursión de medio día para avistar delfines, justo el día antes de mi partida. Llego el jueves señalado, habíamos quedado que nos pasarían a recoger a las 7 de la mañana a la puerta de casa. A las siete un 4x4 viejo se paro delante de nuestra puerta, salimos. Hola soy S. nos dijo con fuerte acento alemán, mientras nos tendía la mano. Hola somos A. y J. Subimos al coche y mientras luchaba contra el tráfico de la ciudad nos iba contando cosas de la ONG. Nos contó que el había venido al Perú hacia ya 10 años, con un proyecto de investigación marina, que lo que iba a ser una estancia corta, por diversos motivos entre el que no menos importante es que conoció a una bióloga peruana y se caso con ella, y ahora estaban esperando su primera hija, se alargo. Nos comento que habían llegado a ser 13 personas trabajando en la ONG, pero que la crisis les estaba afectando bastante, ya que su principal fuente de financiamiento era básicamente aportes desde Europa y estos se habían reducido drásticamente. Ahora solo somos 4, nos dijo, y se nos ocurrió que una forma de intentar continuar con la ONG y nuestro trabajo era montar estas excursiones. Dejamos atrás Lima y empezamos a avanzar hacia nuestro destino. El pequeño pueblo de Pescadores de Pucusana. Seguimos conversando, nos pregunto de donde éramos. Al saber nuestra procedencia empezó a criticar el poco esfuerzo que los peruanos y latinos en general dedican a la preservación y cuidado de la naturaleza. Llegamos a Pucusana, un pueblito como hay cientos en la costa del Perú, casas bajas, calles desordenadas y llenas de gente, aprovechamos y en una farmacia, compramos crema bloqueadora solar.




Ya en el pequeño puertecillo y después de comprar algo de pescado, nos enfundamos en los monos naranjas que evitarían que acabásemos totalmente empapados y los chalecos salvavidas y subimos a la pequeña embarcación. Mientras avanzábamos por las aguas del puerto, S. nos comentaba que su principal lucha era convencer a los pescadores que los delfines, no eran sus enemigos que no solo servían para carne – En Perú, hay un plato exquisito el muchame, que se hace base de carne de delfín seca- y que poco a poco lo había conseguido. Al poco de salir del puerto, nos enseño unos acantilados llenos de lobos marinos y pingüinos. Justo allí, mientras veíamos a nos mas de tres metros a esos inmensos y bellos animales, saco de la bolsa algo del pescado que habíamos comprado en el puerto, y lo puso sobre el motor de la lancha. Al instante las gaviotas se abalanzaran sobre nosotros con la intención de arrebatarnos el pescado, descubrimos gracias a esto que hay varias clases de gaviotas. También observamos cormoranes que flotaban en el agua tranquilos, y unos pequeños pájaros que S. llamó red necks. S. mezclaba en sus explicaciones el español y el ingles. Arrancamos de nuevo la motora y nos dirigimos frente al santuario de Pachacamac, el lugar donde avistaríamos los delfines, de tanto en tanto S. nos señalaba grupos de focas, de leones marinos, de pingüinos que nadaban cerca de nosotros. Por fin llegamos a nuestro destino, Lima se adivinaba en el horizonte. S. disminuyo la velocidad y esperamos. El mar estaba precioso, despacio, muy despacio dimos un par de vueltas por la zona, intentando descubrir nuestro objetivo, la cámara preparada. Allí dijo S. señalando con el deedo un punto indeterminado, efectivamente a unos cinco metros de nosotros un par de aletas dorsales cortaban el agua, S. acelero y en unos minutos decenas de delfines nadaban a nuestro alredor. Nos explicó que debíamos mantener una velocidad constante, ya que los delfines adoraban pasar bajo las embarcaciones y sentir la presión del agua que la velocidad producía. No sabíamos donde mirar, tan pronto aprecian saltando delante de la embarcación, como que estaban nadando junto a nosotros, tan cerca que podíamos estirar las manos y tocarlos. S. seguía con su explicación, aprendimos que cada delfín se distingue de los demás por una serie de rayas y marcas que les hacen únicos. No se cuanto tiempo estuvimos allí, quizás hora y media, la sensación era maravillosa, allí en medio del mar, rodeados de todas aquellas criaturas, que no se cansaban de cruzarse en nuestro camino, de resoplar a nuestro lado. S. dijo que era hora de volver.




A toda marcha, dando botes sobre el mar, volando sobre las olas, con el culo dolorido, desandamos el camino, esta vez más cerca de la costa, para ir más rápidos. De nuevo vemos el pequeño puerto de Pucusana. Desembarcamos y decidimos tomarnos una cerveza con S.nos sentamos en una terraza, allí mismo en el puerto.




Regresamos a Lima, son las 3 de la tarde y habíamos quedado con los padres y el hermano de A. para invitarles a comer. Nos están esperando en el lugar escogido, un restaurante especializado en ceviches y mariscos. Nada mejor para cerrar la jornada. Tenemos hambre y la comida esta espectacular.


Salimos tarde del restaurante, y andamos unas cuadras tranquilamente, dando un paseo. Empieza a anochecer, Nos despedimos de los padres de A. y nos dirigimos junto a M. mi cuñado para encontrarnos con unos amigos y celebrar mi marcha.




Realmente ha sido un día esplendido, y durante el vuelo de regreso mas de una vez me asaltaran las imágenes de esa jornada




P.D. La foto esta tomada en esa jornada. Observar las marcas en el lomo del delfín.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
hola!!!precioso articulo. como siempr een ti, no m sorprendes...

y ahor aotra cosa..puedes decirme que te ha pasado??? gracias!!!
JCM_MAD ha dicho que…
Gracias por el comentario. Siempre tan amable.

Un beso

J.

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