PROCESIONES




Estamos sentados a la puerta de la casa del abuelo de G. Es una casa grande antigua, en la calle principal del pueblo, charlamos tranquilamente, esta anocheciendo. Poco a poco la gente va llenado las aceras, hasta casi impedirnos la visión de la calle. Nos ponemos de pie, al poco, se apaga el alumbrado público y a lo lejos, del lado que da a la plaza, se empiezan a oír unos cantos, miramos en esa dirección, vemos aparecer las figuras de unas mujeres todas ellas con velas en las manos. La procesión se acerca, al poco pasa por delante nuestra, en las ventanas de las casa vecinas, se encienden velas también, la calle se ilumina con la pálida luz de decenas de velas. Huele a humo, a cera, las mujeres con paso lento pasan cantando ante nuestros ojos. Casi todas son mujeres mayores, pocas jóvenes. Al poco las farolas se vuelven a encender, solo algunas pocas velas siguen ardiendo en las ventanas, nos volvemos a sentar a la puerta y nos servimos una cerveza. La procesión de las velas ha terminado.

Estamos en Ayacucho, he aprovechado una oferta de Iberia y he conseguido pasajes baratos. La casa de A. en ayacucho esta en una pequeña colina que domina toda la ciudad, nos asomamos al balcón y vemos la ciudad, no muy lejos a la derecha se vislumbra la plaza de Armas. Avanzamos por calles empedradas, vemos el mercado y alguna iglesia. Llegamos a la plaza de armas, En muchas calles pero sobre todo en las calles principales, grupos de jóvenes y mayores se afanan en hacer alfombras de flores, algunas son realmente espectaculares, otras aunque mas sencillas son igualmente preciosas. Estas alfombras, se construyen para adornar las calles que posteriormente serán recorridas por la multitud de procesiones que estos días recorren Ayacucho. Por la tarde todo el mundo esta en las calles, es imposible dar un paso, desde los soportales de la plaza, vemos avanzar las andas con las humildes tallas, el fervor se apodera de la gente, reza y se santigua, en un momento dado solo se oyen las oraciones de la gente.

Ese año la semana santa cayó muy pronto y A. y yo decidimos ir a Córdoba. La ciudad nos acoge con su mejor cara, el tiempo es caluroso pero sin exagerar y nuestro hotel esta en uno de los barrios mas antiguos, por todos lados nos envuelve las herencias musulmana y judía de la ciudad. Después de visitar la mezquita, hemos ido a la antigua judería a ver un concierto de música sefardí. Son cerca de las 10 de la noche cuando salimos del concierto, avanzamos por calles estrechas, encajonadas entre blancos edificios con geranios en las ventanas, al llegar a una plaza cercana a nuestro hotel, nos detenemos, no podemos proseguir, esta cortada, un muro de gente nos lo impide miramos en dirección a donde el gentío mira, se ven gente vestida con hábitos blancos y capirotes negros, detrás de ellos se ve la talla gigante, toda envuelta en flores blancas y rodeada de velas de una dolorosa , detrás se intuye otra imagen, mas grande aún, pasan por delante nuestro, la gente no para de gritar guapa a la imagen. Al poco pasa la segunda imagen, es la imagen de un cristo doliente, aún mas grande que la de la virgen, el anda mas adornada, mas barroca, cientos de flores, de velas, de laminas de pan de oro la adornan, la gente tira flores, aplaude. El bullicio de la gente, los cantos, los gritos, contrasta con la música solemne que a base de tambores y trompetas emite la banda que acompaña a la procesión.

Estamos pasando unos días por el norte de Portugal, hemos visitado Oporto y sus bodegas, también hemos estado en la cuna de la nación lusa y nos dirigimos a nuestro siguiente destino. El hotel que hemos elegido esta justo en mitad de la plaza principal de Braga, es un hotel antiguo, sus habitaciones son grandes, con mobiliario que ya era antiguo en los años 10 del pasado siglo, el baño con baldosines blancos, tiene una bañera gigante. Nos asomamos al balcón, a la derecha tenemos una increíble vista de la catedral de Braga. Entonces no lo sabíamos pero a Braga se la conoce como la Roma Ibérica, tal es su devoción. La dueña, una mujer mayor, muy mayor y que sin embargo es la hermana pequeña de las dos mujeres que llevan el hotel, nos comenta que tenemos que estar a las 9 en punto en el hotel, que ese día a esa hora cierran la puerta y no lo abren hasta después de terminada la procesión de la “burrinha”. Nos comenta que es la procesión mas importante que se celebra en la ciudad y una de las mas bonitas del mundo y que desde el balcón de nuestra habitación, tendremos una visión esplendida de la misma. Salimos a dar una vuelta, vemos un par de iglesias de las muchas que tiene la ciudad, y en una de ellas incluso podemos observar una reunión, conclave u ordenación de sacerdotes y religiosos no lo se. Multitud de frailes de todas las ordenes, con hábitos de todas clases y colores entran a la iglesia, se saludan, se mezclan entre ellos, y al poco empiezan a desfilar, reunidos por congregaciones. Seguimos nuestro paseo, procuramos estar a las nueve en el hotel, las señoras se alegran mucho de vernos, Verán como les gusta nos dicen. Nos asomamos al balcón, y desde allí vemos la procesión. No es una procesión al uso. No tiene imágenes, ni cofrades, ni música solemne. Es una procesión sencilla, pero alegre donde se nos muestran diversos pasajes de la Biblia. La escena central, es la huida a Egipto. Un pequeño borrico, la “burrinha” , avanza con un imagen de la sagrada familia en su lomo, la gente aplaude a su paso. La procesión termina poco después.

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