FORJA




Una de las visitas obligadas cuando viene alguien a casa es la ciudad de Alcalá de Henares y esta vez con mi suegra no ha sido una excepción.

La verdad es que es una excursión de un día de lo más agradable, ya que el tren nos lleva en poco más de 20 minutos a la ciudad. Una vez allí lo normal es admirarse con el estilo neomudejar de el Palacio Laredo, la Universidad y sus colegios mayores y menores, la calle mayor, la judería, La catedral, la plaza Mayor, las decenas de iglesias que permiten un recorrido del barroco al Gótico, la casa natal de Cervantes, el precioso hospital de Antezana, las murallas o la puerta de Madrid entre otros mucho que pueblan esta ciudad patrimonio de la humanidad y claro sus bares, tabernas y restaurantes.

Pero como digo uno de los puntos fuertes de esta antigua ciudad romana y que debe su nombre actual a los árabes, es la universidad fundada por el cardenal Cisneros en al año 1499 y en la que durante casi 4 siglos estudiaron algunos de los mas importantes literatos, políticos, abogados, médicos o juristas que ha dado este país ¿nombres?. Desde Francisco de Quevedo hasta San Juan de la Cruz, de Lope de Vega a Francisco Suarez, de Jovellanos al “divino” Valles o a San Ignacio de Loyola todos esos nombres y mucho mas pasaron por las aulas y se sometieron al examen final, que marcaba el salir por una puerta o por otra de la universidad.

Y como otros miles de estudiantes a lo largo de los siglos, compartieron tradiciones y bromas, algunas de las cuales han llegado a nosotros por medio del lenguaje.

Así en España se denomina empollón, a aquel que pasa muchas horas sentado estudiando y que por ende saca muy buenas notas y aparentemente sin esfuerzo. Esta palabra “empollón” tuvo origen aquí en los patios de la universidad y hacia referencia a los criados de los estudiantes ricos- si, los estudiantes ricos tenían sus criados durante su estancia en la universidad – que iban durante los fríos días de invierno al asiento de su señor antes de que este llegase y se lo calentaban.. La forma de calentarlo era sentándose en el, tal como hacen las aves al empollar sus nidos.

Igualmente en España se dice “gorrón”, a aquel que más o menos vive de balde, que nunca invita a su casa, o nunca paga una cerveza. Mientras que en España se usa mayormente como adjetivo, se que en Perú se utiliza como verbo. Esta palabra al igual que la anterior, tiene su origen también en el patio de la universidad y sus protagonistas son exactamente los mismos. Los criados que se ocupaban de la intendencia de los estudiantes ricos. Estos criados debían llevar un gorro de gran tamaño, el gorrón, que les identificase y les distinguiese de los estudiantes. Como digo estos criados además de empollar los asientos en invierno, lavaban la ropa, cocinaban y limpiaban el cuarto de su señor y claro también cocinaban. No voy a descubrir que eran tiempos duros y que el criado se las tenia que apañar como buenamente podía para buscar la comida de su señor y a la vez no morirse el mismo de hambre, así que aprovechando el tamaño de su sombrero los criados aprovechaban para meter en el, lo que solían robar en comercios, mercados y tascas.

Podemos imaginarnos el dialogo entre un comerciante victima de uno de estos “gorrones” y el alguacil

- Me acaban de robar 3 peras- diría el comerciante
- Y puede Vuesa Merced indicarme alguna seña del ladrón- le diría el Alguacil
- No, no le vi la cara al hideputa, pero le puedo decir que era un gorrón
- Entonces mala cosa que ya sabe usted, que en la universidad no puede entrar la ley del Rey
- Malparido, Ojala se pudra, diría el comerciante rechinando entre dientes …

Y así, se forja un idioma a base del día a día

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