ADEYAMAN




Con todas esas noticias impactantes que han ocurrido el día de ayer – cese de la actividad de ETA, muerte de Gaddafi, hay otras que pasan desapercibidas o no han alcanzado la relevancia suficiente, entre esas creo yo esta la noticia que el PPK, partido de los trabajadores kurdos, ha vuelto a la actividad y ha matado a 20 soldados turcos en la frontera con Irak. La reacción del ejercito turco ha sido la de siempre ha invadido el norte de Irak con 10000 soldados y ha bombardeado las bases del PPK en ese país. Al principio el PPK tenia las simpatías del pueblo turco que dice representar, pero desde hace un tiempo han surgido iniciativas como “ no mates en mi nombre, no mates por mi” que formadas por kurdos rechazan la violencia del PPK.


Llevábamos una semana de visita por el Kurdistán turco, los pueblos y las ciudades se confunden en mi memoria, recuerdo pueblos que eran verdaderas bases militares rodeados de cuarteles por todas partes, recuerdo que no servían alcohol en ningún lado, que los refrescos eran de una marca local y realmente imbebibles y que lo mejor era tomar un té de cerezas –Chai en turco- bien caliente para combatir el calor y la sequedad del ambiente. Recuerdo que estaba sorprendido de que en un mismo país, en el transcurso de un viaje habíamos pasado de la multicultural, abierta, sensual, colorida Estambul a ver a mujeres con hiyab, con burka siempre de negro con el color ocre de la tierra de las casas inundándolo todo. Recuerdo pobreza y desconfianza, recuerdo bellísimas mezquitas, madrazas y antiquísimos caravasares y como siempre recuerdo la imagen de Atatürk, el padre de la Turquía moderna, omnipresente en cualquier establecimiento, en cualquier edificio oficial, en todos los sellos, en cualquier cartel.

Hemos llegado a la ciudad de Adiyaman, es una ciudad pequeña y que conserva un cierto aire de pueblo grande. Nuestro hotel no es gran cosa, pero es limpio y tiene duchas, suficiente. Por lo que hemos podido ver en el viaje, es una ciudad agrícola y su población se dedica básicamente al campo y a comerciar con los productos que de el sacan. Tras dejar el equipaje y lavarnos un poco, salimos del hotel decididos a explorar la ciudad, no estamos alojados en el centro y para dirigirnos allí tenemos que andar por amplias avenidas, en las que apenas se ven coches, con comercios llenos de gente que se vuelven a mirarnos cuando pasamos. No es una zona muy turística y lógicamente llamamos la atención. Vemos que en todas las tiendas venden orejones de melocotón. Compramos un par de bolsas, los comemos mientras seguimos andando, están exquisitos. Llegamos a lo que parece ser la plaza principal. Un poco decepcionados descubrimos que la ciudad no tiene mucho que ver, es una ciudad bastante anodina. Nos sentamos en el café de la plaza y pedimos nuestros ya obligatorios chais. Estábamos charlando animadamente viendo pasear a la gente, jugar a los niños, cuando de repente una joven se dirige a nosotros, viste hiyab y un gabán grande que la cubre el cuerpo.

Hola -nos dice tímidamente
Hola – La contestamos

-¿De donde sois? – nos pregunta
- Españoles

España, dice sonriendo, me encantaría conocerla.

Nos enteremos que esta estudiando para ser ingeniera informática pero que allí en su ciudad es muy difícil, que las mujeres no tienen muchas oportunidades y que gustaría irse de la ciudad.

Hablamos con ella unos minutos más, hasta que se despide y se dirige a reunirse con su padre que la vigilaba un poco más allá.

Volvemos al hotel, ya es de noche y al día siguiente madrugamos.

Son las 4 de la mañana cuando suenan los despertadores. Muertos de sueño, nos levantamos, nos duchamos y nos dirigimos a la puerta. Los transportes que habíamos contratado con anterioridad están ya esperándonos. El que va a ser nuestro guía, nos presenta a los dos chóferes de los dos mini buses. Comienza nuestro viaje al Monte Nemrud. A mitad del camino hay un control militar, enseñamos los pasaportes, nos miran las mochilas y nos dejan continuar, eso si vamos escoltados por el ejercito turco, un jeep lleno de soldados abre el camino, en cada camioneta otro soldado y cerrando la comitiva otro jeep. Miento si digo que no estaba acojonado. Pasamos un par de controles militares más y empieza la subida al monte. Curvas y mas curvas, un caminote tierra, un precipicio cada vez mas alto a un lado. Llegamos a nuestro destino, la tumba del rey Antinoo y sus maravillosas cabezas esculpidas. El paisaje que se divisa es impresionante a nuestros pies discurre el Eufrates, mas allá se vislumbra el Tigris. Irak y Siria se anuncian en el horizonte. De repente nos vemos rodeados por cámaras y periodistas. Nos quieren entrevistar. Somos los primeros turistas en 5 años, a los últimos un grupo de italianos, los secuestró el PPK y aún no se sabe nada de ellos.

Al poco el oficial al mando nos dice que debemos volver que esta anocheciendo y que no es seguro estar más tiempo allí. Hacemos el camino de regreso cansados, temerosos de que nuestros pequeños buses se despeñen a cada curva, nuestros chóferes van haciendo carreras. Un par de veces al adelantar a unos camiones creo que nos vamos a estrellar contra los vehículos que viene de frente. Afortunadamente llegamos sanos y salvo al hotel, pagamos a los chóferes que se despiden con grande sonrisas y subimos a nuestra habitación.

Caemos rendidos en la cama, al día siguiente partimos hacia el mediterráneo turco. Pero esa es otra historia y otros recuerdos.

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