¿Y QUE TAL ...?




Los lunes por la mañana la pregunta mas frecuente entre los compañeros de trabajo suele ser la de ¿y que tal el fin de semana? Y por eso paso a contaros mi fin de semana.

El viernes fue un día raro, por la mañana A. salía de viaje para todo el finde y mi suegra volvía a casa después de 80 días, tengo que decir y siendo sincero que no lo he pasado mal, he disfrutado de la presencia de M. en casa, de salir de excursión con ella, de acompañarla a los diversos sitios, de hacer bromas. Creo sinceramente que estos periodos al igual que cuando nosotros vamos al Perú y nos alojamos en su casa, sirven para unirnos y conocernos y así evitar la sensación de lejanía que se tiene con un océano y medio día por el medio. La tarde la pase en casa, enfermo, algo que comí me sentó mal, viendo un rato la tele y charlando con algunos amigos.

El sábado me levante medio temprano, teníamos sábado hortelano y algunos miembros del grupo habíamos quedado para viajar juntos hasta la huerta. El día se levanto nublado y con amenaza de lluvia. Y nada mas coger el coche con el que nos íbamos a la huerta empezó a llover, ningún problema salvo que descubrimos que al coche no le funcionaba el limpia del lado del conductor. Así que V. nuestra conductora iba despacito asomando la cabeza por el lado del copiloto para ir viendo el camino. Por una vez, llegamos a nuestro destino a la hora programada y nuestras hortelanas ya nos estaban esperando. Tras los saludos, las peticiones de botas para agua y guantes, nos dirigimos a la huerta.

Una vez allí empezamos la recolección de los últimos tomates, divididos en tres grupos, los pintones para entregar hoy lunes, los verdes perfectos para que maduren en el almacén, y los verdes con defectos que utilizaremos para hacer mermeladas o salsas. Después de los tomates comenzamos a recoger berenjenas, y luego los pimientos y las pocas guindillas que han quedado, sufrimos un robo de guindillas hace 1 semana, y por ultimo las cebollas, a estas alturas mi calzado era una bola gigante de barro que pesaba una tonelada y el agua me caía por lugares inverosímiles de mi cuerpo. Eran las 3 y media de la tarde cuando acabamos de recoger la huerta, colocar cañas para las judías y algunas otras labores menores y decidimos tomarnos una cerveza en el ya famoso bar de la plaza del pueblo. Después de la cerveza y con un hambre atroz, fuimos a la sala que nuestras agricultoras tienen aclimatada para reuniones y eventos y allí en una gran mesa fuimos colocando la comida que habíamos preparado para compartir. Entre risas, chistes, comentarios de la huerta, próximos proyectos y politiqueos varios fuimos probando las diversas preparaciones. Sobresalieron unos tomates rojos secos que había preparado C. y las berenjenas de R.

La tarde lluviosa se prestaba para participar en el taller de “clow” que M. se ofreció a realizar pero yo no podía quedarme. Así que con tristeza me despedí del grupo y me dispuse a coger el autobús que me llevaría de vuelta a la gran ciudad. Lo que mas odio de este tiempo es que a las seis de la tarde ya es de noche y si encima como el sábado la tarde esta oscura por las nubes y no hace más que llover mi humor se vuelve oscuro y negro y cuando salí del barracón ese era el panorama, frío y lluvia. Afortunadamente C. se volvió conmigo y charlando animadamente la espera y el trayecto se nos paso enseguida.

Al llegar a casa una ducha reparadora con agua caliente y después de ver un poco la tele, realmente no recuerdo que estuve viendo, me fui a la cama, quería un día acostarme temprano y descansar.

Ayer me desperté a eso de las 9, me levante, desayune e hice un poco de limpieza de la casa, especialmente del cuarto donde M. había estado durmiendo, regué las plantas y a las 11 me senté a leer el periódico aprovechando la ausencia de A. que con ella en casa es tarea imposible. Mientras disfrutaba de la victoria del Madrid y me tomaba una cerveza probé una de las berenjenas encurtidas al estilo de Almagro que estamos haciendo. Creo sinceramente que ya están en su punto. Tras cocinar algo para comer y una ligera siesta, pase el resto de la tarde sentado en el ordenador. No os he contado pero me he embarcado en otra aventura con la gente del grupo. Una especie de biblioteca intragrupo, y soy el encargado de mas o menos hacer el excell que nos permita solicitar un libro y llevar el control del mismo.

A. llego a las 00:10 de la noche, enfadada por que había discutido con el taxista y exhausta. Charlamos un ratillo mientras me ponía al día de su fin de semana. Me fui a la cama mientras A. a la que la discusión con el taxista había activado se quedo en el salón un rato mas.

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