LA NOSTALGIA DE LA MEMORIA II

Marga, no te separes de mí, le decía su padre mientras subían por las escaleras que les llevaría al interior del barco, y no pierdas de vista a tu hermana, ni a tu madre. Ella se agarro con más fuerza si cabe a las manos de su padre, manos de tornero fresador, manos llenas de callos, de heridas, de sufrimiento y penalidades. Miro a su hermana y vio que al igual que ella agarraba fuertemente la mano en este caso de su madre. Se fijo de pasada en el nombre del inmenso vapor “ARGO” que estaba escrito en una madera delante suyo en un lateral de la escalera, mientras esperaba a que un marinero terminase de mirar sus papeles y les permitiesen por sin subir a bordo.

En su mente de niña de 10 años, se imaginaba viajando en uno de esos lujosos camarotes, que aparecían en las películas que le llevaba a ver su madre cuando la paupérrima economía familiar se lo permitía. Se veía así misma apretando un timbre y esperando que un camarero impecablemente vestido de blanco, llamase a la puerta para atender su pedido. Se veía mirando por la escotilla subida a su cama, disfrutando de las estelas que hacían los delfines. Así que tras bajar a lo más profundo de las entrañas del barco y que su padre le dijese, esta es tu cama., mientras señalaba una litera, exactamente igual a otra de las decenas de literas que había allí, no pudo reprimir el llanto. Fue en ese instante, en ese mismo instante cuando tomo conciencia de la situación, cuando las conversaciones nocturnas entre oídas a sus padres terminaron de tener significado para ella. Así de golpe supo el significado casi exacto de la palabra de la que su madre se quejaba y que no la permitía ejercer su oficio “represaliada”. Fue en ese momento cuando comprendió que ya no habría falsas alegrías para tapar la desesperación de su padre al ver que el escaso sueldo semanal no llegaba mas allá del miércoles después de pagar todo lo comprado a crédito y que tan duramente ganaba trabajando 10 horas de lunes a viernes en la fabrica y que intentaba redondear trabajando los fines de semana en el pequeño taller del señor Arturo. Fue ahí cuando supo que no volvería a ver a sus amigos, que no volvería a subir a casa de Mar para jugar con sus muñecas, que no volvería a agacharse detrás del banco de la pequeña plaza cuando jugaban al escondite. Que tampoco volvería a entrar en la tienda del señor Julian “Ultramarinos y coloniales. Casa Julian” anunciaba el letrero que colgaba encima de la puerta, con el pedido anotado con primorosa letra por su madre. Ni tampoco a preguntarse que significaría “coloniales”. Y entonces una pequeña alegría creció en su interior, estaba segura de que nunca mas cruzaría corriendo las altas puertas de hierro, que permitían la entrada al colegio. Se alegro de no tener que volver a formar, delante de Montse y detrás de Pilar, por la mañana en el patio del colegio antes de empezar las clases, para rezar y dar vivas al caudillo. Se alegraba de no volver a ver a la hermana Rosario que siempre estaba de mal humor y que la castigaba por hablar en clase. Fue entonces en definitiva, cuando supo que su vida ya no sería la misma.

-Hola. Tengo dos muñecas ¿quieres jugar conmigo? Marga se giro al oír la voz. Vio enfrente suyo a una niña, mas o menos de su edad, de pie, quieta, con dos muñecas de trapo en las manos.
- Hola, dijo Marga mientras cogía una de las muñecas
- Me llamo Elena ¿y tú?
- Marga,¿De donde eres?
- De Sabadell
-¿Y eso donde esta? ¿Muy lejos?
- Si, lejísimos hemos tardado casi 4 horas en llegar hasta aquí en autobús. ¿Quieres que seamos amigas? Dijo Elena
- Papa, me voy con Elena a jugar. Grito Marga, mientras salía corriendo junto a Elena entre las filas de literas.

Comentarios

lunanegra ha dicho que…
Te "engancha".muy bueno M.
JCM_MAD ha dicho que…
Ya me dirás tus impresiones, al final

De todos modos muchas gracias