LA NOSTALGIA DE LA MEMORIA III - FIN-

No fue aquel un año muy feliz en la zona republicana .Pese a la propaganda oficial, todo el mundo sabia que la guerra estaba perdida, y las calles llenas de heridos y refugiados así lo atestiguaban y solo era una cuestión de tiempo el que los “nacionales” entrasen en Barcelona. La vida no era fácil entonces para los barceloneses, no había un momento de descanso, por la mañana los bombardeaban los nacionales, eso si con barras de pan y por la noche eran sus aliados alemanes los que dejaban caer, esta vez si, su mortífera carga.

No sabemos muy bien que empujo a los Garcia-Xirgú a tener a su hija en aquel momento, puede que el miedo, puede que la esperanza de un futuro de paz y prosperidad, puede que el deseo de perpetuar la especie. Lo que es cierto es que un radiante día de noviembre de 1938, Mercé Xirgú, profesora en el Liceo revolucionario de Barcelona, dio a luz a su primogénita, una niña que según indica el certificado que firmó el colegiado 2376 del Colegio de médicos de Barcelona Don Beltrán Ripoll y Castells, nació con buena salud, lloro en un tono firme y continuado y peso cerca de 2 kilos y 700 Gramos. La niña seria llamada Marga, por Margarita, en honor de una hermana del padre muerta de enfermedad al comienzo de la sublevación. El día del nacimiento de Marga, su padre Jose Garcia, hijo de un emigrante andaluz, invito a sus compañeros de turno en la fábrica a uno tintos en la taberna. Y no fue de los de a 6 reales el chato, no, que les invito a los de 10 reales, el que no estaba aguado.

Como se intuía la guerra termino no mucho después. Mercé llamada ahora Mercedes en virtud de un edicto de los vencedores, fue sometida a juicio, perdió su trabajo y se la condeno a no ejercer su profesión durante los siguientes 20 años, por atentar sus ideas y enseñanzas gravemente contra los pilares del nuevo régimen. En cuanto a Jose, tuvo algo más de suerte y pudo seguir trabajando aunque sin mucha fortuna en alguna de las fábricas del cinturón industrial de Barcelona.

Pasaron los años, los Garcia-Xirgú, pese a las penurias o puede que debido a ellas tuvieron otra niña, Carmen la llamaron. La pequeña Marga, como todos los niños de esa edad crecía alegre y despreocupada de los problemas del día a día que quitaba el sueño a sus padres, no siendo consciente de que si la habían admitido en el colegio de monjas, era por la puerta pequeña y gracias a que sus padres gastaron el cartucho del ultimo favor. Pero pese a las esperanzas en el futuro que ahora ya sabemos eran infundadas que tenían Mercedes y Jose, las cosas no mejoraron mas bien lo contrario, y cuando Marga cumplió 10 años decidieron dejar atrás toda esa miseria, toda esa vida triste, que en palabras de Jose era morir un poco cada día y con sus últimos ahorros compraron 4 billetes para el primer barco que les sacase de aquel mundo de tristeza y carencias. Metieron sus pocas pertenencias en sus maletas de cartón y subieron a aquel barco, el destino final les era indiferente, solo querían huir. Les daba lo mismo México que Argentina, Cuba que Perú.

Los comienzos en el nuevo país, no fueron fáciles ni para Marga, ni para sus padres, nuevas maneras de hacer las cosas, nuevos contactos, nuevos amigos. Jose trabajó duro hasta que pudo alquilar un local y ponerse por cuenta propia. Mercedes, ya nunca más Mercé, consiguió abrir una pequeña academia donde enseñaba latín y matemáticas a las hijas de la pequeña burguesía local. La economía familiar nunca fue boyante pero tampoco volvieron a pasar necesidades. Marga creció y terminó casándose mitad por amor mitad por interés con un tratante de ganado, que le fue infiel siempre que pudo pero que al menos al morir la dejo en una situación saneada. Con el tuvo dos hijos ambos varones, también tuvo una hija de un segundo matrimonio. La rueda de la vida sigue su curso imparable. Sus hijos a su vez, crecieron y se casaron. La dieron nietos que en un recorrido inverso al que ella había hecho muchos años atrás vivían ahora en la ciudad que la vio nacer. Su hermana Carmen nunca se caso, se hizo hippy y viajo por el mundo, después y aprovechando el local que tenia su padre y al jubilarse este, puso una tienda de artesanía, donde vendía a los turistas pequeñas esculturas y artesanía que ella misma realizaba.

Sentada en una sala del aeropuerto, esperando el vuelo que la llevaría de regreso a su ciudad, ciudad que no había visto en casi 60 años pero que tan vivamente recordaba hasta los últimos detalles, sintió la nostalgia de la memoria y quiso luchar contra una lágrima que empezaba a asomar en sus ojos. Al ver la batalla perdida, se refugio tras sus grandes gafas de sol.

Comentarios

lunanegra ha dicho que…
Muy bueno JC. tres grandes historias, con un nexo, el puerto...Seguro que casi todos conocemos o sabemos de alguien...que tuvo que emigrar..o que volvió al paso de los años, en mi familia se dio los dos casos, y por lo que me han contado, ésta historia se me hace tan "mía".
Me gusta mucho como escribes ( aunque eso ya te lo he dicho muuuuchas veces)
Masss!!..
JCM_MAD ha dicho que…
Muchisimas gracias.

Si, es una historia que creo yo todos los españoles hemos conocido de primera mano o, por lo menos hemos sabido de alguien que la protagonizó.

Incluso hubo una época en que en mi familia se hablo de ira vivir a Australia, que daban tierras y dinero para empezar.

Y no tan lejano, que ahora vemos nuevamente como muchos españoles vuelven a irse a buscarse el pan en otras tierras

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