BLANCOS

Ayer leyendo un libro de viajes sobre el polo norte, el protagonista un afamado escritor español especialista en este tipo de literatura, quería hacer una foto a un nativo. Ante la negativa del mismo a fotografiarse, el escritor le pregunto el motivo. El hombre le dijo eres blanco, no sabes que hicisteis en los años 50. El viajero le contesto. No se que paso en los años 50 y soy español. A lo que el nativo contesto. Entonces antes de venir aquí, deberías informarte y es indiferente de donde seas un blanco es un blanco.

Luego viene la explicación del suceso que tanto indigno al nativo. Como siempre un gobierno de blancos,, intenta colonizar unas tierras en previsión de futuras reclamaciones, para ello engaña con buenas palabras a un grupo de nativos que acceden a los deseos del gobierno. Cuando llegan a sus nuevas tierras no encuentran nada de lo prometido y lo que parecía un trato entre iguales, resulta ser una deportación mantenida manu militari. Años después y tras un calvario de recursos judiciales, los tribunales dan la razón a los nativos y el gobierno se ve obligado, eso si en voz baja, a pedir perdón y dar una indemnización pero el daño ya esta hecho. Pero el rencor y el odio ya esta allí.

Esta historia anterior me recuerda a una que escribí aquí, sobre la colonización de la sierra central del Perú en el siglo XIX por medio de colonos alemanes. Pero no es eso lo que quería comentar sino la conclusión que saca el escritor de su encuentro con el nativo y de los acontecimientos de los años 50 y es que cada hombre blanco lleva encima lo quiera o no, sea consciente o no el estigma de todos los sucesos indignos que en su nombre, en el de su dios, en el de su patria, en el de su civilización se han cometido.

Yo tengo que decir que he tenido suerte pues salvo en un par de casos nunca me han echado en cara nada. Recuerdo una de las veces, habíamos salido el grupo de amigos por Lima para tomar unas cervezas y estábamos en ese punto en que una cerveza mas suponía pasar de un estado alegre a un estado digamos peligroso. En ese instante se unió al grupo el novio de unas de las chicas. El hacia rato que había superado el punto donde nosotros nos encontrábamos y tras las presentaciones me pregunto de donde era.

Español – le conteste.

Una mierda de país, me dijo, y a partir de aquí empezó una perorata contra mis compatriotas acusándoles de todos los males que aquejan al mundo, eso si terminaba con un salvo tu, refiriéndose a mi, que eres un tío cojonudo.

La otra vez, fue un poco peor, ya que implico también a A. a la que acusaban de ser un Felipillo, el equivalente peruano de la Malinche. La historia no paso al final a mayores pero fue bastante desagradable.

Ante esto tengo una postura ambivalente, no creo que se pueda juzgar con los ojos y la mentalidad actual, lo acontecido hace 400 años, no me considero heredero de los que tomaron Tenochtitlán o hicieron prisionero a Atahualpa pero a la vez eso no quita para comprender que gran parte de la riqueza y el poder que los blancos hemos disfrutado hasta hoy en día se ha basado en la explotación de otros pueblos, en sozyugar otras culturas en beneficio de la nuestra, en destruir redes sociales y grupos humano si con eso conseguíamos algún tipo de beneficio y en la rapiña exacerbada de los recursos naturales que estaban distribuidos por otras tierras. No os confundáis, no soy buenista, quiero decir que antes de la llegada de los españoles también existían problemas y soy consciente que los españoles no hubiésemos conquistado a los aztecas o a los incas, si no se hubiesen aliado con el puñado de conquistadores decenas de miles de nativos que no estaban conformes con el poder Inca o que reprochaban a los Aztecas su crueldad. Pero si he sido consciente al visitar alguna haciendo esclavista y nos han enseñado las argollas que aun están en la pared donde ataban a los esclavos, que la gente que mandaba allí, que la que esclavizaba y de la que dependían las vidas de miles de personas eran gente como yo. Al igual que al leer sobre las encomiendas y demás, es notorio como los legisladores, gente del mismo color que yo, disponen de la vida de gente que no le pertenece, indicando cuantas de cada una de esas personas debe trabajar para el encomendero, ósea para el blanco.

No quiero decir que todos los males que aquejan a las sociedades latinoamericanas, sean producto de la conquista, ni que el Tahuantinsuyo por ejemplo fuera el paraíso, porque no lo era, pero si reconocer que gran parte de esos males tiene su origen en la sociedad que los españoles dejamos allí y que en 200 años no han sido capaces de corregir en su totalidad.

No quiero decir con esto que me sienta acomplejado por mi piel o por mi origen, no soy victima de un síndrome racista inverso, tampoco que cada vez que veo a un nativo, sienta deseos de pedir perdón por crímenes cometidos en mi nombre, nada de eso, pero si soy consciente del daño causado.

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