AFROBASKET



 Después de la obligatoria parada en el colmado, regido como no podía ser de otra forma por un mauritano, para comprar unas bebidas, llegamos a nuestro destino y paramos el motor del vehiculo. Mientras esperábamos, T. enciende un cigarrillo y yo mientras echo un trago al refresco, me pongo a mirar distraídamente a través de la luna delantera.

Frente a nosotros se extiende un gran descampando, donde  una multitud de crios ha improvisado un campo de futbol, unas piedras como en cualquier campo que se precie indican las porterías. Es viernes por la tarde y las clases semanales han acabado, los niños juegan alborozadamente, sin orden, corriendo todos detrás de la pelota. El descampado marca uno de los límites entre la parte más  o menos noble de N’dalantando y  uno de los  “musseques”  los barrios más o menos pobres  que rodean la ciudad. El barrio  se extiende por toda nuestra derecha hasta llenar la pequeña colina de casitas muy humildes de una planta,  con techos planos y construidas de adobe rojo todas ellas, alguna de ellas tienen un pequeño patio donde campan a sus anchas gallinas y lagartos. Es un barrio de calles sin asfaltar, de tierra apisonada, por la que discurren arroyos de aguas de color indefinido. Delante de una de estas casas un niño le da patadas a un perro, que quizás por falta de fuerzas, quizás por costumbre ni siquiera hacia amago de huir.

-          Menino, deixa al cao – le gritamos casi al unísono T. y yo desde el auto. Al oírnos el niño nos mira y sale corriendo riéndose, para juntarse  a sus amigos que están jugando en un montón de arena cercano. El perro indiferente sigue tumbado sin moverse.
Al poco, sin darnos tiempo a aburrirnos del todo de entre las casas sale un sonriente X. Mientras se acerca al coche nos hace un saludo con la mano.
  
-          Boa tarde - le decimos al subir-¿Todo Bem?
-          Boa tarde- nos contesta- ¿listos para el partido?
-          Si- le contestamos.
-        ¿Dónde vamos?-. Le pregunta T., mientras arranca la camioneta.
-          Vamos a la zona deportiva de al lado del cementerio- le indica X, - ¿la conoces?
-          Si claro, más arriba del edificio del parlamento regional.



Avanzamos por el centro de la ciudad, calles asfaltadas, edificios de ladrillos de un par de plantas de altura,  la mayoría de ellos en un deficiente estado de conservación, ventanas rotas, paredes con la pintura desconchada, terrazas sin balaustradas. Evitamos las pequeñas motos que se nos cruzan delante del coche y que salen a toda velocidad desde cualquier calle lateral. Vemos,  pequeñas tiendas que aun tienen encima de la puerta de entrada los letreros con los nombres de sus antiguos dueños “Carvalo e filhos”, “Agostinno e filho S.L”. Durante el trayecto, nos cruzamos con algunas zungueiras”, esas mujeres que con un gran balde de plástico o aluminio  lleno de mercadería en la cabeza y  que con un megáfono en el que llevan un mensaje grabado, y muchas veces con su pequeño atado a  la espada van vendiendo su mercancía -ya sea pescado, cacharros, telas, carne, cachivaches de plástico-  por las calles de los pueblos y ciudades de Angola.  En otro momento del trayecto, cerca de la plaza,  nos cruzamos con par de personas albinas. Desde que llegue a la ciudad me ha llamado poderosamente la atención la gran cantidad de albinos que hay en N´dalatando, afortunadamente para ellos al contrario que en otros lugares de África estas personas no son perseguidas y pueden vivir en paz y seguras. Nos detenemos para cruzar la carretera general que une la capital del país Luanda con la importante ciudad de Malanje y que por ello soporta un importante tráfico de camiones  y que además divide a la ciudad en dos y coger la calle que nos lleva al campo de juego. Avanzamos despacio ya que el asfaltado no es muy bueno y la calle está repleta de gente, barberos esperando a la puerta de sus pequeños locales, vendedores, niños jugando, gente que está comprando en alguno de las decenas de tiendas que hay alineadas a los lados de la calle, gente que pasea sin rumbo, motos que traen o llevan gente y paquetes, perros y las ubérrimas gallinas. Después de una curva, la imponente mole rosa y  blanca del edificio del parlamento regional se levanta frente a nosotros ejerciendo de poderoso contraste frente a las casitas bajas y pobres que lo rodean. Nada más terminar la valla del edificio  parlamentario, la calle deja de estar asfaltada y se convierte en una  pista de tierra.

Antes de llegar al cementerio- dice X.-gira por la calle de la izquierda.

Tras hacer el giro y bajar una pequeña pendiente, llegamos a un alto muro encalado y lleno de pintadas y dibujos 
  
Aquí es- dice X.

T. avanza un poco y aparca la camioneta cerca de la entrada. Dejamos las mochilas dentro del coche y caminamos  hacia la puerta. Un grupo de niños y niñas juegan a una especie de balón prisionero. Por lo que llego a entender,  gana quien consigue todas las botellas vacías de cerveza que han puesto en medio de los dos equipos.

Leo las grandes letras pintadas en la tapia de ladrillo al lado de la gran puerta metálica que da acceso al recinto. Centro deportivo “Don Bosco”  dice. Entramos, justo a la entrada otro grupo mixto de chicas y chicos juega al voleibol, un poco más allá otros chicos juegan al pimpón, delante de un edificio pintado de verde azulado. Curioso, me asomo  a través de las ventanas. Se ven unos pupitres. Seguimos avanzado detrás de X. Sin darnos cuenta T. y yo acabamos cada uno con un grupito de niños no mayores de seis años colgado de los brazos.

-Padre, Padre -nos dicen gritando mientras nos sonríen.

Seguimos a X. por un lateral del recinto deportivo, ya que todo el centro del mismo se encuentra ocupado por un campo de fútbol de tierra, donde se esta desarrollando un partido de futbol de lo más  igualado por lo que dan a entender los gritos y la pasión que ponen los jugadores al perseguir el balón y por las protestas que dirigen al chico que hace de árbitro.

La pequeña nube de niños que nos rodea ríe y juegan entre ellos, se interponen en nuestro camino, nos abrazan las piernas, se agarran a nuestras manos y las aprietan con fuerza. Cojo  a uno de los  niños en brazos y le levanto del suelo,  no es que yo sea especialmente fuerte sino que los niños están desnutridos  y muy delgados y pesan poco, hago el avión con él, al instante su cara se ilumina y ríe a carcajadas, al ver el efecto en su amigo todos los demás niños hacen cola y se ponen a gritarme para que también les levante a ellos y juegue a que son aviones.

Avanzamos por el recinto hasta llegar a la pequeña cancha de baloncesto. Nos sentamos en el suelo, mientras esperamos a los amigos de X. Nuestros pequeños amigos reclaman cada minuto de nuestra atención. Por más que les decimos que no somos curas, los pequeños siguen sin inmutarse. No se les oye más que decir: padre esto, padre lo otro. Al igual que con el juego del avión, basta con que a uno de los niños le hagas cosquillas en su barriguita y empiece a reír para que todos se pongan en cola esperando que también a ellos les hagas cosquillas.
 
Poco a poco van llegando los conocidos y compañeros de X., al igual que este son jóvenes y   altos, todos con sus deportivas en la mano y en sus pies lo que parece ser el calzado universal angoleño, las chanclas. Pronto somos los suficientes para comenzar la pachanga. Los mayores imponen su fuerza y simplemente echan de la cancha, a los muchachos que estaban jugando, todo ellos de menor edad y desarrollo físico. Nos comentan las reglas. Es el clásico quien gana sigue jugando y el equipo que pierde debe dejar su lugar a otro. Los partidos son  a cinco canastas. La verdad es que en el primer partido T., X. y yo somos visto y no visto, nos barren de la cancha y perdemos por un claro 5 a 1. Nos sentamos mientras entra otro equipo a jugar. La cancha es un trasiego constante de equipos que entran y salen. Observo los partidos, es un juego anárquico, eléctrico, quien tiene el balón normalmente es el que se la juega. Los partidos  se viven con pasión, aún mas incluso entre los espectadores que están esperando su turno para jugar que entre los mismos jugadores, se discute cada balón que sale del campo, cada falta, cada infracción es seguida de acaloradas discusiones que incluyen hasta invasiones de campo. Al rato, nos vuelve a tocar jugar, hablamos antes del partido entre nosotros para intentar mejorar nuestra suerte. Todo parece en vano, perdemos 4 a 1 y balón para nuestros contrarios. En ese momento se produce el milagro y el cambio en nuestro juego. T. se descubre como un excelente tirador y empieza a anotar sin piedad desde cualquier lado de la cancha, X. demuestra porque llego a jugar con la selección júnior angoleña de baloncesto y nos deja un par de jugadas para el recuerdo. Por mi parte  me afano en no dejar escapar un rebote y de vez en cuando meter alguna canasta, Ganamos el partido por 5 a 4. No solo eso, ganamos los siguientes 4 partidos. Agotados y contentos nos vamo retirando poco a poco y nos cambiamos por la gente que espera. Volvemos a nuestro lugar, esto es,  sentados en el suelo. Nuestros pequeños amigos vuelven a rodearnos, nos tocan el pelo, ahora sudado, ríen y hacen muescas de asco. Me entretengo jugando nuevamente un rato con los pequeños, se suben a mi espalda, se cuelgan del brazo y yo les alzo a pulso. Lo reconozco me encanta oír sus carcajadas. Sin lugar a dudas es lo mejor de la tarde.  Uno de ellos, de los más pequeños, se sienta a mi lado, me coge de la mano y apoya su cabeza en mi hombro. Los partidos siguen sin interrupción desisto jugar más veces. El sol comienza a declinar y la explanada se llena de sombras alargadas producidos por los edificios que la rodean. Según avanzan las sombras, se van terminando las  actividades en el recinto y este se va quedando vacio.
 
Solo al fondo del recinto deportivo un grupo de chicos y chicas siguen jugando al karaoke. Es la única zona que tiene una bombilla eléctrica y por lo tanto está iluminada
 
Antes de que anochezca completamente nos despedimos de nuestros compañeros de partido y volvemos al coche. Al llegar al coche decimos adiós a nuestros pequeños amigos, les damos unos caramelos que llevamos en la mochila. Nuestra siguiente parada, es la roulote que tenemos cerca de casa. No es el bar mas elegante de N’dalantando ni siquiera el mas grande ni tampoco el mas bonito, pero el “Macieras” que así se llama, es parada obligatoria ya que esta al lado mismo de la  casa. Además el hecho de que seamos siempre más o menos los mismos parroquianos los que estamos allí, hace que se haya creado una especie de vinculo entre nosotros y te sientas un poco como en casa, Tras pedir unas cervezas para T. y para mí y un refresco para X., nos sentamos en la única de las dos mesas del espacio que esta libre. X. y yo nos sentamos en el banco de cemento que rodea la mesa, txema se apoya en un lateral de la misma. En la mesa de al lado, los vietnamitas de la obra cercana beben su cerveza mientras bromean entre ellos. Nos hacen cómplices de una de ellas, todos reímos,  hablamos de mesa a mesa en una mezcla de portugués, vietnamita, español y lenguaje de signos Como es normal, entre trago y trago comentamos lo acontecido en los partidos jugados un rato antes.

Como siempre al rato de estar allí sentados, aparece el albañil portugués que vive en la casa que hay enfrente del bar, se sienta a nuestra mesa, pide una cerveza  y nos cuenta su día quejándose de sus suerte.

Estamos a punto de pedir otra ronda de cervezas, cuando aparece A. Es el momento en que X. se despide de nosotros para regresar a su casa, ya que tiene obligaciones familiares. Le preguntamos si quiere que le acerquemos con el coche, nos dice que no, que va andando.

Algunos de los chicos con los que hemos jugado al baloncesto, son vecinos nuestros, se acercan a saludarnos y a charlar brevemente con nosotros.

Los vietnamitas de la mesa de lado, siguen con sus risas y juegos. Un par de cervezas después es nuestro turno de despedirnos. Decimos adiós a nuestros compañeros. Hemos decidido ir a cenar a “La charcutería”  un local cercano que ofrece conciertos en directo y ofrece unas riquísimas hamburguesas y perritos calientes.

Pero antes de eso, nos espera el último reto del día, pasar por casa para ducharnos con agua fría. Pero eso es otra historia.    

P.D Durante el mes de Septiembre Angola se proclamo campeona de África de Baloncesto por cuarta vez consecutiva 
 

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