BAILANDO CON LOBOS
Hemos quedado con Ca, y C. para que pasen a recogernos en su vieja camioneta de mañana temprano. No sé si hemos trasnochado mucho, es curioso, pero al igual que no tengo ningún inconveniente para recordar las actividades realizadas por el día, suelo tener problemas para acordarme de lo realizado en las noches limeñas perdidas en su mayor parte en una difusa nebulosa de bares, garitos, huecos, chelas, reses y música, pero lo cierto es que cuando nos levantamos para tomar un café, los tres, tenemos bastante sueño y un poco de reseca. Estamos terminando de arreglarnos, J, quien nos acompaña desde Madrid en este viaje está durmiendo en la misma habitación que nosotros con lo que nos tenemos que vestir por turnos, cuando nuestras amigas nos avisan de que están llegando. Nos saludamos, recuerda J. un solo beso me digo para mí, y después de acomodarnos en el coche nos ponemos en marcha. Dejamos atrás Barranco y cogemos la carretera de la playa. Circulamos deprisa, incluso ...