El otro día, bueno para ser más concreto hace 15 días, hablando con una amiga recode un episodio ocurrido en mi adolescencia Un episodio que había olvidado y que al contárselo a mi amiga hizo que se partiera de risa. Situémonos. Debía tener yo por entonces unos 15 o 16 años, y era verano. Un verano de estudiante largo e interminable, tres meses de pura holganza y diversión. Como siempre en verano me encontraba en la Adrada y como era costumbre, estaba con mi madre y mi hermana y estábamos los tres solos, mi padre hacia de Rodriguez total, quedándose trabajando en Madrid durante la semana y yendo únicamente a disfrutar los fines de semana. Era la hora de la siesta, esa hora indefinida que se extiende desde después de comer hasta las cinco y media o seis de la tarde, y estaba en el salón tumbado en el sofá viendo, cuando la somnolencia lo permitía, la tele por la que extrañamente no estaban retransmiti...