COINCIDENCIA

La vida nunca deja de sorprenderme. Es curioso como al final se cruzan las vidas de dos personas que en principio estarían condenadas a no conocerse veamos.
Creo que la primer vez que le vi fue a comienzos del verano del año pasado, en principio no había nada en especial que hiciese que me fijase en el. Un joven español, no mayor de 20 o 21 años, con sus auriculares en los oídos, grande, pesado, vestido con chándal o informal la mayor parte de los días, se sentaba siempre en el mismo asiento, y cuando reparé en el, no se cuanto tiempo llevábamos coincidiendo en el autobús de regreso a casa, yo del trabajo, el de sus ocupaciones que desconocía. ¿Por qué me fije? Llamadme observador, pero si viajas siempre en el mismo autobús, a la misma hora, mas o menos acabas conociendo de vista a los habituales y el se había convertido en habitual.
Igualmente me había fijado en una chica, a ella la veía por la mañana y por la tarde. También española, joven mas o menos de la misma edad que el chico del párrafo anterior, guapa pero demasiado maquillada, quizás con algún kilo de mas, con tendencia a hablar demasiado alto, incluso para los estándares españoles, con sus amigas por el móvil, y así todo el mundo era consciente quisieran o no de sus amoríos y problemas.
Un día a mediados del verano en el viaje de vuelta a casa, conocí que el chico y la chica no eran desconocidos entre si, se sentaron juntos en los asientos del autobús y comenzaron hablar. Así me entere que compartían pandilla y amigos, que salían en el mismo grupo los fines de semana y que al chico le gustaba ella, y que ella se quejaba que el nunca era lo bastante claro en ese tema.
Pasaron los días, me fui de vacaciones y les perdí la pista, a la vuelta, volví a la rutina de coger el autobús a las 7:15 de la mañana y reencontrarme con las caras conocidas de los desconocidos con los que todos los días comparto el trayecto, y allí estaba el joven , sentado en el asiento que en principio solía sentarme yo, con sus audífonos, escuchando música, con su mochila en el suelo, mirando a través de la ventana del autobús como va despertando la ciudad . Tres paradas mas lejos de donde yo suelo subirme al autobús, subió ella, miro al fondo y decidida se dirigió hacia donde estaba el joven, se acerco, le dio un suave beso en los labios y se sentaron juntos a charlar, y cogerse de la mano. Así me entere de que estaban juntos. Durante estos meses la dinámica ha sido mas o menos la misma, el ya sentado esperando la parada donde ella sube, se besan, hablan de sus cosas y ella se baja cuatro paradas después. Así día tras día, viendo como el la llama, pues no ha faltado un solo día, al móvil cuando por algún motivo ella no subía en la parada indicada.
Ayer estábamos un grupo de amigos en casa viendo baloncesto, cuando decidimos pedir una pizza para cenar, tras ponernos de acuerdo, que si cuatro quesos, que si bacón, que si pizza grande o mediana, mejor dos que solo una, que si nuggets de pollo o alitas, que si coca-cola light o zero, que si salsa dulce o no. Llámanos he hicimos nuestro pedido. Al rato, sonó el telefonillo. Pizzas, dijo una voz en el interfono. Abro la puerta mientras A. va a buscar el dinero, aparece por la escalera el pizzero con su uniforme rojo mientras va abriendo la bolsa donde traen las pizzas, le miro, me mira, nos reconocemos al instante. Eres el del autobús me dice. Si, le digo, tú también. Mientras estudio me saco un dinero, me contesta.
Esta mañana subí al autobús como siempre, allí estaba el sentado en el mismo sitio de siempre. Nos miramos como siempre, pero hoy nos saludamos.
No se que os parecerá a vosotros pero os digo que llevo desde ayer alucinado. Es que ya sabéis que soy fácilmente impresionable
Creo que la primer vez que le vi fue a comienzos del verano del año pasado, en principio no había nada en especial que hiciese que me fijase en el. Un joven español, no mayor de 20 o 21 años, con sus auriculares en los oídos, grande, pesado, vestido con chándal o informal la mayor parte de los días, se sentaba siempre en el mismo asiento, y cuando reparé en el, no se cuanto tiempo llevábamos coincidiendo en el autobús de regreso a casa, yo del trabajo, el de sus ocupaciones que desconocía. ¿Por qué me fije? Llamadme observador, pero si viajas siempre en el mismo autobús, a la misma hora, mas o menos acabas conociendo de vista a los habituales y el se había convertido en habitual.
Igualmente me había fijado en una chica, a ella la veía por la mañana y por la tarde. También española, joven mas o menos de la misma edad que el chico del párrafo anterior, guapa pero demasiado maquillada, quizás con algún kilo de mas, con tendencia a hablar demasiado alto, incluso para los estándares españoles, con sus amigas por el móvil, y así todo el mundo era consciente quisieran o no de sus amoríos y problemas.
Un día a mediados del verano en el viaje de vuelta a casa, conocí que el chico y la chica no eran desconocidos entre si, se sentaron juntos en los asientos del autobús y comenzaron hablar. Así me entere que compartían pandilla y amigos, que salían en el mismo grupo los fines de semana y que al chico le gustaba ella, y que ella se quejaba que el nunca era lo bastante claro en ese tema.
Pasaron los días, me fui de vacaciones y les perdí la pista, a la vuelta, volví a la rutina de coger el autobús a las 7:15 de la mañana y reencontrarme con las caras conocidas de los desconocidos con los que todos los días comparto el trayecto, y allí estaba el joven , sentado en el asiento que en principio solía sentarme yo, con sus audífonos, escuchando música, con su mochila en el suelo, mirando a través de la ventana del autobús como va despertando la ciudad . Tres paradas mas lejos de donde yo suelo subirme al autobús, subió ella, miro al fondo y decidida se dirigió hacia donde estaba el joven, se acerco, le dio un suave beso en los labios y se sentaron juntos a charlar, y cogerse de la mano. Así me entere de que estaban juntos. Durante estos meses la dinámica ha sido mas o menos la misma, el ya sentado esperando la parada donde ella sube, se besan, hablan de sus cosas y ella se baja cuatro paradas después. Así día tras día, viendo como el la llama, pues no ha faltado un solo día, al móvil cuando por algún motivo ella no subía en la parada indicada.
Ayer estábamos un grupo de amigos en casa viendo baloncesto, cuando decidimos pedir una pizza para cenar, tras ponernos de acuerdo, que si cuatro quesos, que si bacón, que si pizza grande o mediana, mejor dos que solo una, que si nuggets de pollo o alitas, que si coca-cola light o zero, que si salsa dulce o no. Llámanos he hicimos nuestro pedido. Al rato, sonó el telefonillo. Pizzas, dijo una voz en el interfono. Abro la puerta mientras A. va a buscar el dinero, aparece por la escalera el pizzero con su uniforme rojo mientras va abriendo la bolsa donde traen las pizzas, le miro, me mira, nos reconocemos al instante. Eres el del autobús me dice. Si, le digo, tú también. Mientras estudio me saco un dinero, me contesta.
Esta mañana subí al autobús como siempre, allí estaba el sentado en el mismo sitio de siempre. Nos miramos como siempre, pero hoy nos saludamos.
No se que os parecerá a vosotros pero os digo que llevo desde ayer alucinado. Es que ya sabéis que soy fácilmente impresionable
Comentarios
Increible, mil besos.
Carmen